El sentimiento era claro. Él sabia lo que sentía aunque por momentos se negara a verlo. Su ultimo encuentro con laura era lo que mas le preocupaba, aun se sentía nervioso. Por momentos intentaba olvidar lo sucedido lo cual era mas que imposible pero le quedaban algunas esperanzas.
Enderezo su columna y estirando su brazo tomo de la pequeña mesa un cigarrillo.
Poniendo de nuevo sus pies dormidos sobre el piso se levanto y camino hacia el fuego.
Sus manos temblaban de frío. Coloco el cigarrillo entre sus labios e hizo un ademán casi ilógico acercándose al fuego para intentar prenderlo sin quemarse. Lo peor fue que funciono.
Miro el reloj. Eran las diez de la noche, ni un minuto mas ni un minuto menos. Abrió la puerta. El timbre, como lo habían acordado, no había sonado. Ella esperaba en uno de los escalones al lado de la puerta del departamento vecino.
Le dirigió una sonrisa y ella volviendo a mirar hacia el suelo entro sin ánimos de nada.
Ambos sabían lo que sentían con respecto al otro, un simple cariño, nada demasiado cercano al amor.
Ella tomo su cuello y acercando su boca a la de él le dirigió una sonrisa fingida pero hermosa.
El, sabiendo que los pensamientos sobre Laura no tardarían en volver a surgir se apuro a besarla en la mejilla y luego en la boca.
Como un intento forzado pero seguro ella lo abrazo fuerte y lo miro a los ojos buscando alguna respuesta que sabían ambos que no iba a llegar.
Resignados, el le dio un pequeño beso sincero en su mejilla y ella sin decir nada se dirigió a la mesa, le robo un cigarrillo y una frutilla del pequeño plato celeste.
Lo miro a los ojos por ultima vez, el le abrió la puerta y ella otra vez se fue mirando hacia el suelo y cansada de todos esos intentos.